Copos de nieve

Me gustan los copos de nieve,
porque pese a unas geometrías prescritas,
se visten en cada invierno de nuevas formas y aristas,
no precisan ser silueta homogénea y sinuosa,
ni se ciñen a un estándar de belleza presuntuosa,
me gustan los copos de nieve,
porque no anhelan ser otra cosa más que nieve

¿Tarde?

¿Tarde?
¿Qué tipo de eje imaginario mide el tiempo establecido?
¿Quién se supone sitúa en el mapa el puerto de arribo?
¿Existe un patrón calculista que determina el tic tac y el ritmo?
y en el habitual delirio prospectivo,
¿Por qué mi mañana o tu hoy no pueden ser lo mismo?
más allá de los tiempos verbales y promesas prescindibles,
somos almas gravitando al compás de tonadas predecibles,
somos pasos marchando en medio de un collage de huellas,
somos tiempo sin vida,
vida sin alma,
y alma,
sin tiempo

Hay algo de mí

Hay algo de mí en la plaza central de Sahagún,
en esa casa blanca, testigo de los recuerdos más bellos y perennes,
en las calles pedregosas de San Telmo, Corrientes y Güemes,
en una estrella fugaz en La Serena y risas en Concepción,
en las nostálgicas murallas de Cartagena,
la luna llena de Barranquilla, en Puerto y su malecón,
como ves, hay fragmentos de mí por doquier,
en la brisa, la lluvia, los cantos,
en las sonrisas, los miedos, los llantos, 
en los besos, las promesas y los sueños,
en el “jamás”, en el “tal vez” y en tus brazos.

La incertidumbre

La incertidumbre es la más brutal de las sensaciones,
una autopista sin señales o estaciones,
un set de piezas sin manual o instrucciones,
eres tú, allá o aquí, entre interrogaciones,
una balsa a la deriva entre dubitaciones,
fantasías etéreas entre cavilaciones.

Y

La vida, en su continuo devenir, nos amenaza con sus dardos en forma de condicionales:

si le conozco y…
si le escribo y…
si le llamo y…
si le beso y…
si le digo y…
si (inserte lo que quiera) y…

Ese “si”, catalizador de los peores escenarios imaginables,
fruto de la creatividad de nuestros miedos,
la falta de coraje y delirios por el drama,
que impide saber qué hay realmente después de ese “y”